La violencia en el imaginario de izquierdas

La golpiza a los estudiantes de la Universidad Católica es inaceptable bajo cualquier punto de vista, y en su origen no hay partidos, solo ultrismo inorgánico, ...

La violencia en el imaginario de izquierdas
La violencia en el imaginario de izquierdas (Foto: Reproducción)

Hace pocos días atrás, la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), convocó a una “marcha preventiva” por los posibles recortes presupuestarios que el Gobierno de José Antonio Kast podría introducir en educación. La Confech es un órgano estudiantil relevante, ya que congrega a la mayor parte de las federaciones estudiantiles de las universidades chilenas. Se trató de una marcha que inició su peregrinación protestataria a escasa distancia de Plaza Baquedano, un lugar que fue el epicentro del estallido social de octubre de 2019 y que recién volvió a recibir el monumento del general que lleva su nombre. A la marcha adhirieron la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y el Colegio de Profesores. Hasta allí nada extraño ni ilegítimo, sino la esperable movilización estudiantil por parte de una organización que percibe con buenas razones la amenaza de recortes presupuestarios y retrocesos sociales. Al poco rato de iniciarse la marcha, los estudiantes de derecha de la Pontificia Universidad Católica, a través del Movimiento Gremial y la organización Solidaridad, realizaron una contra-movilización a metros de los manifestantes, exhibiendo banderas chilenas y pancartas hostiles a la izquierda, oponiéndose al anuncio de un eventual paro. Los elementos más ultras que participaban en la marcha de la Confech no tardaron en reaccionar, rompiendo cuanto lienzo veían y, lo más grave, golpeando a los estudiantes de derechas. Como era de esperar, se trató de una noticia con gran resonancia y con un efecto fatal para los agresores, así como para el mundo de izquierdas que ellos dicen encarnar: qué duda cabe que el chileno promedio que presenció este grave incidente quedó espantado, sin encontrar razones para tamaña agresión. Esas razones fueron explicitadas, sin embargo, por la propia Confech al momento de lamentar lo ocurrido, denunciando una provocación, y hasta gestos nazis cuya captura fotográfica nunca fue convincente: la sobreinterpretación de brazos alzados, entonces, se impuso por el lado de la izquierda estudiantil y en algunos diputados comunistas y frenteamplistas. Poco importa: el daño de imagen ya estaba hecho. Nada se gana al alegar que ese ultrismo de izquierda no es representativo de nada ni de nadie: el problema es que allí están, y generan consecuencias de opinión pública que son nefastas.

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